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Una cerradura que no gira convenientemente no solamente resulta desagradable, además se corre el riesgo de que quede definitivamente agarrotada o de que se rompa la llave.
 
 
La lubricación es una operación fundamental en aquellos mecanismos que rozan en su funcionamiento produciendo desgastes y originando calor... Y, a menudo, también, estridentes chirridos...
 
 
La inmensa mayoría de los aceites destinados a la lubricación proceden de la destilación del petróleo crudo; este mismo producto puede considerarse un lubricante de socorro. Para cerraduras y candados utilizaremos vaselina líquida muy fluida, aunque el grafito en polvo es la solución ideal. Adheriremos este polvo con el aplicador en el interior mismo de la cerradura.
 
 
A falta de grafito en polvo podremos utilizar la mina de un lápiz, frotando la llave con la mina e introduciéndola en la cerradura. Repitiendo esta operación veremos cómo la llave acciona el mecanismo a las mil maravillas.
 
 
Mantenimiento y limpieza
 
Un trozo de tiza o una bolsita de tela llena de arroz absorberán la humedad en la caja de herramientas preservando el material de óxido.
Si la herrumbre ha calado, limpiaremos el material con un estropajo empapado en aguarrás o petróleo.